La problemática de las plantas marinas alóctonas en el Mediterráneo


José Carlos Sáez Barrionuevo y Francisco Conde Poyales




En la actualidad se encuentran en el Mediterráneo, aproximadamente, un centenar de especies algales y una fanerógama marina foráneas. Estas plantas se han introducido bien de forma natural o bien por la acción del hombre.
Existen cuatro tipos de plantas invasoras dependiendo de su forma de introducción:
1. Organismos del ³fouling². El término inglés ³fouling² hace referencia a los organismos que, adheridos a los cascos de los barcos o a cualquier estructura flotante o sumergida, son transportados a todos los mares del mundo; este es el ejemplo del alga roja Acrothamnion preissii, observada por primera vez en el Mediterráneo en 1969 en el puerto de Leghom (Italia).
2. Invasores importados. Con este nombre se reconocen a todas las algas que han sido introducidas accidentalmente por el hombre. Un ejemplo muy conocido de este tipo de invasores es el alga verde Caulerpa taxifolia, que se detectó por primera vez en 1984 en Mónaco y en 1990 ya había invadido varios kilómetros de costa, desde la superficie hasta 35 m de profundidad, entre Mónaco y Tolon (Francia). En 1992 fue encontrada en puntos de Mallorca y Menorca, y actualmente se cree que ha alcanzado las costas de la Península Ibérica. Pero Caulerpa taxifolia no es la única especie, ya que, debido a la acuicultura de la ostra japonesa, con la importación masiva de crías se ha introducido una amplia gama de algas del Mar de China y del Pacífico, convirtiendo la laguna de Thau (Montpellier; Francia), donde se cultiva la ostra, en un lugar de desembarque de algas invasoras japonesas, por ejemplo: Laminaria japonica, Undaria pinnafida, Chrysymenia whrightii y Sargassum muticum. Más recientemente, debido a la ficocultura, se han adaptado al Mediterráneo una serie de algas utilizadas para el uso humano, como por ejemplo Mastocarpus stellatus, Chondrus crispus e Hypnea musciformis.
3. Inmigrantes lessepsianos. Desde la construcción del Canal de Suez, por Fernando Lesseps en 1869, existe una constante introducción de especies marinas desde el Mar Rojo al Mediterráneo, que ha venido facilitada por el hecho de que el nivel del Mar Rojo es ligeramente más alto que el nivel del Mediterráneo. Son llamados inmigrantes ya que para muchas especies no es más que el regreso a su lugar de origen, del que sus antepasados fueron excluidos al secarse el Mediterráneo. Entre estos inmigrantes, el más importante es la fanerógama Halophila stipulacea, el único inmigrante lessepsiano que ha alcanzado la costa siciliana, ya que la mayoría de ellos suelen quedarse restringidos a las costas del Mediterráneo Oriental. Otros ejemplos son las algas verdes: Caulerpa mexicana, Caulerpa racemosa y Caulerpa escalpelliforme; las algas pardas Cystoseira mirica, Padina boergesenii y Padina asperum; y las algas rojas Acanthophora najadiformes e Hypnea nidifica.
4. Invasores atlánticos. Son aquellas algas que se introducen en el Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar de forma natural. Un ejemplo muy claro es Asparagopsis armata que, en la década de los años 30, procedente de Nueva Zelanda y Australia fue avistada en el Estrecho y actualmente se observa en toda la costa occidental del Mediterráneo. Otras especies son Bryopsis plumosa, Polysiphonia elongata, Codium fragile y Colpomenia peregrina.
Estas plantas se han expandido de una manera espectacular, colonizando una amplia zona del Mediterráneo, desplazando con ello a las especies autóctonas y produciendo una modificación drástica de las comunidades marinas endémicas. El éxito de estas plantas, para su fuerte colonización, parece ser que radica en las distintas estrategias que adoptan para esquivar a los depredadores. Caulerpa taxifolia desprende caulerpina que la hace ser rechazada por los depredadores. Asparagopsis armata y otras muchas algas rojas son indigestas para los peces autóctonos. Las densas poblaciones de Sargassum muticum impiden el desarrollo de sus competidores. Concretamente, esta alta competitividad provoca grandes daños al ecosistema marino, simplificando el número de especies vegetales que quedan reducidas a una pradera de algas no comestibles, alterando con ello toda la red trófica.
Sin duda, de todas las plantas marinas foráneas que aparecen en el Mediterráneo, una de las más peligrosas es Caulerpa taxifolia, que ahoga bajo su masa a las praderas de Posidonia oceanica, una fanerógama endémica del Mediterráneo que realiza un papel fundamental para el ecosistema, siendo un punto clave en el ciclo de los gases, suministrando oxígeno al medio y participando directamente en la regeneración del fondo marino. Sin embargo, pese a este efecto tan dañino, uno de los principales problemas que acarrea es la alta proliferación que presenta. Esta es debida fundamentalmente a su gran amplitud ecológica, lo que le posibilita colonizar rápidamente medios de muy distintas características fisicoquímicas. Por otra parte, posee una alta capacidad de multiplicación vegetativa, que le ayuda a aumentar rápidamente el número de individuos, permitiéndole suplantar a las algas de su alrededor. Además, presenta un mayor tamaño del que posee en su lugar de origen y ocupa el espacio con mayor rapidez. Precisamente estas dos características, amplitud ecológica y multiplicación vegetativa, le han permitido colonizar una amplia zona del Mediterráneo Occidental, a diferencia de las demás algas alóctonas que quedan replegadas en las zonas observadas por primera vez, como le suceden a la mayoría de los inmigrantes lessepsianos, aunque existen algunas especies que no han terminado aún de extenderse (tales como Asparagopsis armata y Halophila stipulacea). Pero ninguna de estas especies presentan la alarmante rapidez que posee Caulerpa taxifolia para ocupar nuevos espacios. La explicación a esta gran proliferación hay que buscarla en su morfología. Esta clorofícea presenta frondes erguidos, pinnados, con talos tumbados sobre el sustrato (llamados estolones) y rizoides de fijación. Así, al fragmentarse el talo, los esquejes de hasta 2 cm se propagan a una distancia mayor, donde se fijan al sustrato formando un nuevo pie de planta. Mientras, el talo fragmentado a partir del rizoide regenera la parte perdida, continuando con el desarrollo del estolón. Además, las algas pertenecientes al orden Caulerpales restauran fácilmente las roturas ya que al presentar un talo sifonado, cuando se cortan o fragmentan exudan una sustancia pegajosa que se endurece hasta formar un tapón que evita daños a la planta.
Esta capacidad tan alta de multiplicación vegetativa es uno de los grandes problemas que se encuentra a la hora de erradicar a la planta, ya que una mala gestión del proyecto, podría incluso facilitar la extensión del alga. Las principales técnicas utilizadas hoy para su erradicación consisten en el arrancado manual con aspirador para evitar la fuga de esquejes, quema con nieve carbónica o soldador, sombreado con lona para impedir la fotosíntesis, etc. No obstante se ha comprobado recientemente que tales medios no pueden erradicar el alga pero sí evitar su expansión. Con tal fin se ha investigado a fondo la forma de introducción de Caulerpa taxifolia, para poder impedir su aparición en otros lugares y la entrada de nuevas algas. Dos de las hipótesis que se barajan actualmente sobre la entrada de Caulerpa taxifolia son: por medio de un vertido al mar de un acuario tropical, o enganchada en las redes de pesca o en el ancla de un barco. La hipótesis del acuario, se fundamenta en el hecho de que en la década de los 80, esta especie fue ampliamente utilizada en Europa en la decoración de numerosos acuarios tropicales, pudiéndose adquirir fácilmente por catálogo. Esta idea tomó fuerza a partir de que se confirmara que la población de Caulerpa taxifolia de Saintcyr (Francia) se encontraba sobre corales muertos pertenecientes a la especie índica Porites somaliensis utilizado en acuriofilia, lo que hace pensar que toda esta población era el resultado de un vertido al mar desde un acuario al muelle. La hipótesis de que Caulerpa taxifolia llegara enganchada en la red o ancla de un barco se basa en estudios recientes [Sant et al., Bot. Mar., 39 (1996)] que demuestran que pese a que el alga no está adaptada a la desecación sí puede resistir emergida casi una semana en oscuridad y bajo un manto de redes o artes de pesca húmedas. Así, podría ser transportada a distancia por las embarcaciones, enganchadas en las redes o en las anclas.

José Carlos Báez Barrionuevo es alumno de 3º de Biologicas y Francisco Conde Poyales es Profesor Titular de Biología Vegetal.