Enseñando humanidades desde las ciencias

Juan Carlos Codina Escobar

Se viene hablando mucho en los últimos años de la necesidad de dar una formación más humanística a los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.) y de Bachillerato. Sin embargo, la única medida adoptada por la Administración ha sido el refuerzo de las horas correspondientes a Lengua Castellana y Literatura y Ciencias Sociales. Todo ello en detrimento del resto de áreas y asignaturas, Ciencias Naturales inclusive.

Sin embargo, no es ésta la única visión posible en la forma de abordar el problema. Se puede enseñar Humanidades desde el resto de las áreas y específicamente de las Ciencias de la Naturaleza, área que incluye las asignaturas de Biología, Geología, Física y Química. El humanista del Renacimiento era una persona que estudiaba casi todos los campos posibles del saber. Muchos humanistas famosos han sido reputados científicos. Por todo ello, no resulta ni chocante ni descabellado que desde el área de Ciencias de la Naturaleza se pueda ofrecer una enseñanza conjunta de ciencias y humanidades. De hecho, desde el área de Ciencias de la Naturaleza, como desde el resto, se tiene que lograr que los alumnos alcancen ciertos objetivos relacionados con:

- Comprender y producir mensajes orales y escritos en castellano, utilizándolos para comunicarse y organizar el pensamiento.

- Interpretar y producir con propiedad, autonomía y creatividad, mensajes que utilicen códigos artísticos, científicos y técnicos.

- Obtener y seleccionar información, tratarla de forma autónoma y crítica y transmitirla a los demás de forma organizada e inteligible.

No son, pues, objetivos relacionados de forma exclusiva con áreas de Humanidades. Se pueden alcanzar esos objetivos utilizando otros contenidos y otras aproximaciones metodológicas diferentes. Veamos algunos ejemplos de cómo se puede enseñar Humanidades desde las Ciencias.

Puede servir de ejemplo con respecto a la mejora lingüística del alumnado, actividades del tipo de la propuesta por Trum Holtzclaw [www. accessexcellence.org/AE/ATG/data/released/0512-TrumHoltzclaw]. En ella se plantea el siguiente texto de Charles Darwin:

El precio de la mantequilla depende del número de solteronas en un área, porque las solteronas tienen gatos, los gatos comen ratones, los ratones abejas, las abejas polinizan el trébol, las vacas se alimentan de trébol. Cuanto más trébol hay, menos le cuesta al granjero producir leche; la mantequilla se hace a partir de la leche, luego...

Y a partir de él se plantean preguntas del tipo:

¿Cuál de los organismos mencionados es un buen ejemplo de omnívoro?

¿Qué es un productor?

¿Cuáles de los organismos están en lo alto de la cadena alimentaria?

Preguntas que permiten, al mismo tiempo que se tratan contenidos de Ecología, la interpretación del texto, su análisis, la búsqueda en el diccionario de términos como los subrayados con la consiguiente adquisición de nuevo vocabulario, así como la expresión escrita.

Podemos ir un poco más lejos y enseñar algo de Literatura. Hay bastantes textos literarios en los que aparecen contenidos científicos. Su uso permite, además de adquirir los últimos, tener conciencia de la existencia de cierto autor, del que quizás nunca habrían ni oído hablar. A modo de ejemplo puedo citar el siguiente extracto de De Profundis de Oscar Wilde:

... Ya he dicho en Dorian Gray que todos los grandes pecados del mundo se realizan en el cerebro. Y es que en el cerebro es donde se realiza todo. Ya sabemos que no vemos con la vista ni oímos con el oído. Que en realidad la vista y el oído no son sino canales conductores, y más o menos fieles transmisores, de las impresiones de los sentidos. En el cerebro es donde está roja la amapola y perfumada la manzana, y donde canta la alondra.

Pero no sólo son aspectos lingüísticos los que se pueden enseñar. También hacemos incursiones en el campo de la Historia y la Geografía (Ciencias Sociales en la E.S.O.). Porque se trabaja historia de la Ciencia, pero también de las civilizaciones cuando se quiere localizar puntualmente algún descubrimiento o hecho científico. Y cuando se habla de placas tectónicas, volcanes, terremotos, distribución de organismos, se les localiza geográficamente. No sólo se utilizan los famosos "mapas mudos" en las Ciencias Sociales; también se hace en las Ciencias de la Naturaleza.

Y si queremos ser más sofisticados podemos atrevernos con el Latín y el Griego. ¿Cómo? Una forma es mediante el estudio etimológico de palabras, fundamentalmente nombres científicos. Dándoles una serie de términos latinos o griegos y su significado, como por ejemplo albus (blanco), australis (de sur), crassus (grueso)..., se les puede pedir que digan alguna característica de alguna especie, sirviéndose de su nombre científico. Una segunda forma es mediante el estudio de la Mitología. El siguiente texto mitológico, referente a la historia de Clitia, permite además del conocimiento de una figura mitológica, el estudio de las respuestas táxicas de los vegetales:

Una bella y joven doncella llamada Clitia observaba el viaje diario de Apolo con extraña persistencia; desde el momento en que salía de su palacio por la mañana hasta que volvía a los lejanos mares del Oeste, ella seguía su trayectoria con ojos llenos de amor, pensando en el dios de pelo dorado, suspirando por su amor. Pero, a pesar de todo este fervor, nunca ganó los favores de Apolo, languideciendo hasta que los dioses, compadecidos, la transformaron en un girasol.

Incluso en su transformada forma no podía Clitia olvidar al objeto de su amor; y ahora, como emblema de la constancia, aún dirige su rostro hacia la brillante esfera en su viaje diario a través del cielo.

No sólo las clásicas áreas de letras enseñan Humanidades. No es éste un coto cerrado al que las áreas de Ciencias no tengamos acceso, como queda demostrado. Se puede y se debe enseñar Humanidades desde las Ciencias.

Juan Carlos Codina Escobar es Profesor de Educación Secundaria en el IES La Paz de Cádiz